Antecedentes investigativos

Como nos lo dejan ver Sandra Castro y María del Carmen Gutiérrez en su tesis para optar por el grado de licenciatura en Psicología, Los desastres si son naturales (pero eso depende del cristal con que se les mire), el uso del término natural para designar a los desastres, sólo ha logrado invisibilizar los elementos de la realidad social que suponen factores y condiciones de riesgo. Según lo apuntalado por estas se han dado dos paradigmas que entienden los desastres como exclusivamente naturales, dándole un peso preponderante a la naturaleza:

1. El enfoque médico-asistencialista: Referido a la salud física y mental de la población impactada. Si bien, este enfoque introduce el factor psicológico, el mismo tiene como limitante sus propias bases conceptuales, pues se basa en una conceptualización del desastre como un evento extraordinario que lo saca de las posibilidades del actuar humano; en este sentido los y las damnificadas son percibidas como víctimas, con lo que no solo se les coloca en una posición subordinada, sino que les exenta de responsabilidad.

2. Enfoque físico-natural: Es el enfoque prevaleciente a nivel nacional e internacional; uno de los ejemplos más representativos de este, es la capacitación “Ciclo de desastres” con la que se entrena a los cuerpos de socorro. Esta capacitación pone el énfasis en el evento o fenómeno y le concibe como interminable: “ubica a los individuos y comunidades ante una situación de nunca acabar, generando una desesperanza que sólo nos permite aguardar a que se produzcan los acontecimientos para así mitigar los efectos, es decir, las posibilidades de prevención son pocas o inexistentes” (2001: 22).

Las autoras concluyen, que la prevalecencia de este tipo de enfoques que enmarcan los desastres como impredecibles, inmanejables e inevitables, limita la construcción de un verdadero plan de prevención que no se reduzca a la simple predicción y pronóstico. A pesar de no ahondar en las razones de esta prevalencia, Castro y Gutiérrez refieren a los intereses de grupos de poder económicos y políticos que con la manutención de este tipo de discursos ocultan su responsabilidad y merman la criticidad de la gente. Si bien este no es el momento para profundizar en el desentrañamiento de esta problemática, cabe citar a manera de ejemplo lo concluido por Sergio Bagú en relación al análisis del carácter de la economía en América Latina: “El formidable resurgimiento de la esclavitud, adormecida como institución durante la Edad Media, se debe principalmente a la aparición de América como colosal depósito de materias primas.” (1986, 96)

Según lo deja entrever este autor, pionero en lo que sería la Teoría de la Dependencia, se da una utilización de América Latina por parte de las potentes naciones Europeas (como Gran Bretaña), quienes en la época de la colonia vislumbraron dicha región como la zona óptima para la extracción de la materia prima necesaria para el desarrollo del incipiente capitalismo; la explotación de los recursos y condiciones de la zona, así como de la mano de obra (a través de la esclavitud) fueron el motor de la acumulación del capital comercial europeo (Bagú, 1986). Dada la coyuntura actual, puede verse como dichos intereses siguen aún vigentes, responsables de muchos de los desequilibrios en el medio natural que se convertirán posteriormente en desastres. No obstante, como se señalo anteriormente este no es el momento para profundizar en este problema. Siguiendo con los aportes dados por las autoras cabe reseñar que (Castro y Gutiérrez, 2001: 24):

Los fenómenos nos han acompañado a lo largo de toda nuestra existencia, y no sería de cuerdos pretender que algún día van a desaparecer, por lo tanto, ubicarlos como causas implica necesariamente condenarnos a sufrir por causa de los antojos de la naturaleza. No podemos obviar que existen condiciones de vulnerabilidad provocadas socialmente, es negar la responsabilidad que todos tenemos en la creación del riesgo, y eventualmente del desastre, lo que nos limita en a capacidad para hacer cambios sobre nuestra propia realidad.

Si bien, no puede negarse que las críticas a los paradigmas tradicionales realizadas por Castro y Gutiérrez son de indiscutible pertinencia para el construcción de las bases teóricas sobre las que se cimentará este estudio no podemos obviar por ello el aporte que otras investigaciones bajo estos paradigmas han dado al conocimiento acerca de los desastres. Bajo esta lógica tenemos el libro publicado en 1994 por la OPS (Organización Panamericana de la Salud) “Hacia un mundo más seguro frente a los desastres naturales. La trayectoria de América Latina y el Caribe”.

Dicha publicación nos brinda un panorama general sobre las especificidades de la región en cuanto a clima, tendencias demográficas, urbanización, producción, aspectos socioeconómicos, niveles de salud, educación y política; entendiendo que esto en suma a los análisis de las amenazas geológicas e hidrometeorológicas resultan indispensables para entender los diferentes grados de vulnerabilidad que se pueden presentar; es decir, permiten establecer un panorama general del contexto, lo que da a los estudios de caso la posibilidad de un análisis a mayor profundidad de los factores que median en la creación de condiciones de riesgo para una zona, así como su comparación con otras regiones. Con respecto a los factores socioeconómicos la OPS señala que (1994: 33):

Existe una estrecha relación entre la vulnerabilidad a los desastres naturales y el desarrollo socioeconómico. Por ejemplo, el proceso de urbanización acelerada en América Latina contribuye a su vulnerabilidad, y también propicia la degradación ambiental y la pobreza, la cual a su vez determina el uso de técnicas de construcción inadecuadas. Otros factores, como el crecimiento demográfico y los bajos niveles de educación, se relacionan estrechamente con el problema de la vulnerabilidad

De igual forma destaca que la incidencia de las pérdidas resulta gradualmente muy diferente en las zonas subdesarrolladas. Así señala que según estimaciones realizadas por el Banco Mundial (de acuerdo a los porcentajes del PIB) las pérdidas por desastres son 20 veces más altas en los países en desarrollo que en los países desarrollados. En suma hace ver que el problema se acrecienta cuando los desastres impactan a las zonas pobres, ya que suponen la destrucción tanto de las fuentes de trabajo y viviendas de esta población, incrementando con ello el ciclo de empobrecimiento y a su vez aumentado con ello la vulnerabilidad de estos frente a futuros desastres.

Otra publicación más reciente de la OPS que resulta interesante reseñar es Protección de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias. La cual se enfoca en los factores sicológicos que enfrentan las personas que han vivido una situación de riesgo o están en peligro de que ocurra una. Las patologías traumáticas presentadas en las personas adultas así como en los y las menores lo cual sirve de base para nuestro acercamiento a esta población, centro de nuestro estudio. (OPS., 2004: 21)

Ante una situación anormal – como los desastres - ciertos sentimientos y reacciones son frecuentes. Puede ser que algunos de esas emociones no se hayan experimentado anteriormente, cada persona es diferente y puede responder de distinta manera en ciertos momentos. . (OPS., 2004: 21)

En lo que refiere a aproximaciones conceptuales contamos con diversas fuentes: En el libro “Género y Desastres” de Enrique Gomáriz Moraga, encontramos las definiciones de desastres naturales, riesgo y otros además de la clasificación de desastres naturales y la definición de cada uno de estos. De forma similar, el autor Armando Campos S. en su libro Educación y Prevención de Desastres, habla sobre métodos de prevención de desastres que se aplican junto con el sistema educativo y las formas e iniciativas que este sistema ha tenido para educar a la población sobre los riesgos y desastres en América Latina. Además hace un recuento de la forma en que las mismas comunidades se organizan para auto-educarse y cooperar en la prevención de los desastres naturales o la ayuda en caso de que suceda uno. (Campos, 1999: 34)

Surgen o son formados como unidades de auto ayuda y cooperación en el marco de las situaciones de desastre y, cuando su cohesión y proximidad precede a dichas situaciones de desastre, resulta razonable esperar de ellos comportamientos solidarios autogenerador (…)

Ya más remitidos a Costa Rica, La Comisión Nacional de Emergencias cuenta con una serie de publicaciones que son repartidas a las comunidades con ciertos rasgos de vulnerabilidad, tal es el caso de el artículo: “Los deslizamientos en la sociedad costarricense II parte” publicado en la revista Enlace de Esfuerzos por Julio Madrigal (Jefe del departamento de Prevención y Mitigación) en el cual se dan ejemplos concretos de comunidades costarricenses propensas a sufrir algún tipo de desastre natural y los daños que provocan a su paso los deslizamientos. (Madrigal, 2004:12)

(…) el deslizamiento es solo uno de los diversos tipos de movimiento de falla del terreno, que se distinguen no solo por la forma del movimiento sino por la clase de material involucrado, pueden variar en origen y magnitud (…)

Otra de las publicaciones es el panfleto titulado “Derrumbes y deslizamientos” donde se indica la clasificación de los deslizamientos, la identificación de estos, formas de evitarlos y algunas pautas de acción en caso de que suceda uno.
Marlen Bermúdez en su artículo “Vulnerabilidad social y organización ante los desastres naturales en Costa Rica” argumenta como además de las deficiencias que han existido en Costa Rica en cuanto a los estudios de vulnerabilidad y los desastres naturales, los cuales si bien es cierto han tenido un fuerte impacto en el país y han sido tema de estudio, su manejo ha sido más geomorfológico que humanístico. Para esto Bermúdez expone los esfuerzos preventivos en el sistema de educación escolar, medios de comunicación masivos y organizaciones comunales. También menciona los valores socioculturales que se dan en las poblaciones con situaciones de vulnerabilidad en caso de desastres naturales. (Bermúdez, 2008)

El desastre resulta además, de la confluencia de factores como el deterioro ambiental, la carencia de educación y organización y de las características socioeconómicas. Estos últimos constituyen algunos de los más importantes componentes de la vulnerabilidad de una región o país.

El trabajo final de graduación para optar por el grado de licenciatura en psicología y sociología de la universidad de Costa Rica en el año 2006, títulado Vulnerabilidad social ante desastres en la comunidad de la cuenca del Río Jucó, ubicada en el Valle de Orosí, en la provincia de Cartago, elaborado por Jimena Escalante y otros, resulta particularmente útil para describir la condición de riesgo que enfrenta la comunidad en la actualidad. Los autores parten desde una contextualización histórica y física, pasando por la situación actual y concluyendo con los factores de vulnerabilidad ideológica y cultural, al igual que, una caracterización de la organización, instituciones y participación comunal. Es especialmente llamativa la perspectiva psicológica que presenta este trabajo. Ésta permite visualizar el sentido de pertenencia de los habitantes frente al riesgo inminente de vivir en Jucó. (Escalante et al., 2006: 56)

Si bien es cierto que el proceso de concentración de la población no devino de una forma voluntaria por parte de las y los habitantes, sí constituyó un elemento de relevancia a través del tiempo en cuanto a la interiorización de patrones de arraigo y pertenencia. Estos a la postre, derivaron en el surgimiento de rasgos de identidad entre las y los pobladores con su espacio, implicando a la vez el establecimiento de lazos o relaciones de dependencia con el entorno.

La influencia de la religión y la cosmovisión que ejerce sobre las personas también es explorada en el trabajo de Escalante y otros. Según la posición de los autores, desde tiempos coloniales, se han atribuido los desastres naturales a fuerzas divinas. En el establecimiento de los pueblos, la experiencia y manifestaciones religiosas han moldeado la vida de las personas y de las comunidades, “constituyéndose en elementos que además de ser parte de un proceso de evolución socio-cultural, se agregan a las aproximaciones aclaratorios de la vulnerabilidad debido a la influencia que ejercen estas explicaciones en las interpretaciones de las manifestaciones de las amenazas naturales.” (Escalante et al., 2006: 59) Los autores también mencionan los factores psico-sociales que influyen sobre la vulnerabilidad del lugar. Entre estos se encuentran las malas prácticas agrícolas, la deforestación y la contaminación de los ríos con desechos sólidos.

El trabajo final de graduación para optar por el grado de licenciatura en trabajo social, elaborado por Magda Araya y otros, titulada Si no unimos lo que tenemos nadie va a hacerlo… Gestión local para la reducción del riesgo ante los desastres en Cachí, Paraíso, Cartago, representa una experiencia relevante para la investigación aquí presentada. Aunque la comunidad no es la misma, pero está muy cerca de Jucó, las experiencias de estos investigadores resultan sumamente útiles. El trabajo pone en contexto el distrito de Cachí que comparte muchas características con Orosí. Asimismo, el trabajo expone los fundamentos conceptuales y políticos que orientan el proyecto, la percepción de los actores sociales sobre Cachí como escenario de riesgo ante los desastres, al igual que, un planteamiento de las fortalezas, oportunidades, deblidades y amenazas para la reducción del riesgo (FODA), para la reducción del riesgo en cachí. Llama la atención, entre otras cosas, el planteamiento teórico que elaboran donde se concibe a la gestión de riesgo como un traje hecho a la medida de cada comunidad donde se aplique. (Araya, 2002: 95)
(…), un punto central de dicho enfoque es rescatar la particularidad de los escenarios de riesgo, con el propósito de desarrollar acciones tendientes a su transformación desde la perspectiva de quienes los viven. Por lo tanto, este enfoque no pretende generalizar las pautas de intervención con respecto a los desastes en las diferentes localidades, pues parte del hecho de que cada una de éstas enfrenta multiamenazas y condiciones de vulnerabilidad global que la distinguen de las otras.

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