Capítulo I: Contexto histórico de la comunidad de Jucó de Cartago

La comunidad de la cuenca del Río Jucó se ubica en el distrito de Orosí, del cantón de Paraíso de la provincia de Cartago en Costa Rica. Con el objetivo de ubicar históricamente esta zona puede decirse que “el cantón de Paraíso se creó a partir de la promulgación de la Ley No.36 del 7 de diciembre de 1848, constituyéndose en el cantón No.2 de la provincia de Cartago.” (Araya, 2002: 96) Según el Censo Nacional de Población del 2000, la población actual es de 52 393 personas de las cuales 33 923 residen en zona urbana y 18 470 en zona rural. También es importante ubicar la comunidad de Jucó dentro de la zona geográfica que lo rodea, pues esta comparte las características de riesgo. De acuerdo con los informes técnicos emitidos por la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), citados por Araya y otros, “el cantón de Paraíso enfrenta multiamenazas, entre ellas las amenazas naturales geológicas asociadas a la presencia de fallas sísmicas locales cercanas a centros de población y a la actividad de los volcanes Irazú y Turrialba, entre los cuales se ubica el cantón.” (2002: 97) Directamente relacionado con la problemática actual de Jucó, que se trata en este trabajo, en el cantón de Paraíso “(…), los deslizamientos constituyen otra de las amenazas geológicas presentes en el cantón, a raíz de las características topográficas, la actividad volcánica y sísmica.” (Araya, 2002: 98) Asimismo, desde el punto de vista de las ciencias sociales, resultan aún más interesantes aquellas amenazas naturales detonadas por el hombre. (Araya, 2002: 98)

(…), se visualizan amenazas socionaturales tales como deslizamientos e inundaciones en cuya gestación intervienen: la deforestación, las malas prácticas agrícolas, los cortes de carretera y tajos, el lanzamiento de desechos sólidos a los cauces de los ríos, la falta de programas de uso sostenible de recursos naturales y la deficiente planificación urbana en el cantón.

El distrito de Orosí, como lo atesta su emblemática iglesia, fue objeto de una fuerte corriente evangelizadora durante la colonia. Aunque esta situación no es muy distinta de la vivida en el resto del país, o el resto de América Latina, esta presencia, según Escalante y otros, es responsable de gran parte de la concepción divina del entorno que tienen los habitantes del lugar. Según los autores, a mediados del siglo XVIII e inicios del XIX se lleva a cabo un proceso de adoctrinamiento religioso desempeñado por la figura clerical que definió los patrones de vida de las y los pobladores autóctonos, quienes interiorizaron, de una manera u otra, la ideología cristiana. “Tal situación, además de configurar el espacio significó, en algunos casos, la interpretación “divina” de las manifestaciones de las amenazas naturales.” (Escalante et al., 2006: 54) Por otro lado, la tierra ha sido objeto de fuertes disputas a lo largo de la historia. A finales del siglo XIX se da un conflicto entre colonizadores e indígenas por el uso de la tierra en el valle de Orosí. Este conflicto termina con la migración de las y los indígenas hacia las montañas (1881-1884), donde se convirtieron en las y los primeros pobladores de Jucó. (Escalante et al., 2006: 54) Más recientemente, desde el inicio de los años ochenta hasta la actualidad, el impacto de las actividades de servicios y turísticas en la zona, como parte del proceso de modernización, se siente con mayor fuerza. (Escalante et al., 2006: 55)
Es importante recalcar el carácter riesgoso que ha tenido la región desde los primeros asentamientos. A pesar de las amenazas socio-naturales que ya se mencionaron, las condiciones geográficas del lugar no se pueden desestimar. Como proponen Escalante y otros, “en el caso específico de Orosí, desde su fundación la comunidad ha enfrentado emergencias debido a deslizamientos, inundaciones y terremotos.” (2006: 60) Quizá lo más contundente de la exposición de los autores es afirmar que “lejos de comprender por estos eventos que la región no era un lugar idóneo para el asentamiento, las diversas interpretaciones se traducían más bien en “señales divinas”, que denotaban la ausencia de conocimientos e informaciones certeras para la comprensión de las manifestaciones de la naturaleza, por lo que lo más factible era concebirlas como eventos sobrenaturales.” (Escalante et al., 2006: 61) En la actualidad, el distrito de Orosí cuenta con una población de 10065 personas: 5213 hombre y 4852 mujeres según los datos del CCP, 2006 citados por Escalante y otros. (2006: 51) Dentro de las características físicas destaca que “(…), la región de Orosí cuenta con una red fluvial bien definida, en la cual se encuentra un grupo de ríos y quebradas que se consideran el punto focal de las amenazas hidrometeorológicas.” (Escalante et al., 2006: 68) Adicionalmente, la zona está caracterizada por temblores superficiales (con una magnitud menor a 3 grados y una profundidad menor a 20 km.), pero lo más relevante se describe a continuación. (Escalante et al., 2006: 68-69)

(…), las características topográficas y geológicas de la región de Orosí (…) la hacen vulnerable a deslizamientos, sobre todo en las cercanías de los principales ríos donde la pendiente de los terrenos es mayor. Estos eventos pueden ser acelerados por actividad volcánica y sísmica, por fuertes lluvias y por la mala utilización de la tierra por parte de los seres humanos (Mora y Peraldo, 2004).

La expropiación de los terrenos de las y los indígenas en 1884, como ya se mencionó, detonó su emigración hacia la región montañosa del Valle de Orosí o lo que hoy en día se conoce como Jucó. Según afirma Coto, citado por Escalante y otros, “los(as) primeros(as) pobladores(as) de Jucó fueron indígenas que se establecieron en las montañas en donde fundan la aldea de Bujeboj –Jucó en la actualidad-, la cual fue gobernada por el cacique Xarcopa.” (Escalante et al., 2006: 63) Es interesante notar que a partir de este proceso de apropiación de la tierra, “la condición de vulnerabilidad se ha construido en Jucó con el paso del tiempo y se ha trasladado de una generación a otra, como una forma de herencia que de una u otra forma, ha sido interiorizada consciente o inconscientemente por los(as) pobladores(as).” (Escalante et al., 2006: 64) Finalmente, es posible afirmar que la zona no ha estado exenta del proceso de concentración de la tierra en pocas manos experimentado en otras zonas del país. A inicios del siglo XX, aprovechándose del impulso cafetalero del país, las familias intentaron consolidar los asentamientos alrededor de sus parcelas. “Si bien es cierto que lograron mantenerse de esta forma durante algún tiempo, la falta de recursos económicos y la ausencia de insumos para el cuido del cultivo, llevó a muchos a una situación inestable. Esto no les permitió competir, sobretodo con grandes finqueros, quienes aprovecharon la coyuntura, para extender sus propiedades por medio de la compra de terrenos.” (Escalante et al., 2006: 66)

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